Yoga en Familia
Los viernes, de 18:00 a 19:00 h.
El origen del grupo "Yoga en Familia" fue espontáneo e impulsado por una pareja que en 2004 quería asistir a clases de yoga con sus dos hijos de 8 y 9 años. Les dije que todos mis grupos eran de adultos pero ante su insistencia, les invité a una clase de prueba. Resultó que aquél día la clase estaba abarrotada de alumnos y aunque intenté adaptar la clase a Blanca y Alex -que la seguían con mucho interés- me di cuenta que tenía que habilitar un espacio para ellos. Y así fue. Nos pusimos de acuerdo y empezamos el grupo. Ellos trajeron a otra pareja con dos niñas y poco a poco "Yoga en Familia" fue tomando forma. Cierto es que pusimos todos mucha ilusión y aquél experimento inicial cuajó y siguió adelante.
Han pasado cuatro años y un buen grupo de familias han participado en este proyecto. La idea central es que toda la familia o una parte de ella, participe en un espacio común en torno al yoga. Es una hora a la semana para practicar en un ambiente seguro y tranquilo, conocerse, sentir el cuerpo y empezar a educar la mente desde pequeños.
El yoga es una practica positiva en la etapa de crecimiento de los niños. A través del yoga, los niños ejercitarán su respiración y aprenderán a relajarse, para hacer frente al estrés, a las situaciones conflictivas, y a la falta de concentración, problemas tan evidentes en la sociedad actual. El yoga les ayudará en su largo camino hacia el dominio físico y psíquico.
Algunos beneficios que observaréis en vuestros hijos son:
- Desarrollo y destreza de los músculos motores.
- Flexibilidad en las articulaciones.
- Mejoría de los hábitos posturales de la columna vertebral.
- Mejoría en los hábitos de la respiración.
- Estimulación de la circulación sanguínea.
- Más autoestima.
- Bajada del nivel de estrés infantil.
- Perfeccionamiento de los sentidos.
- Agilidad y entereza.
- Calma y relajamiento.
- Mejor desarrollo de la atención, concentración, memoria e imaginación.
- Harmonización de la personalidad y carácter.
- Oportuna canalización de la energía física.
- Mejor comprensión e interacción con los demás.
Qué necesitáis para uniros al grupo de Yoga en Familia...
No hace falta que la familia tenga experiencia previa en la práctica de yoga, aunque si muchas ganas de aprender y pasarlo bien. Comprobaréis como vuestros hijos están toda la semana hablando y pensando en la próxima sesión.
Veniros con ropa cómoda, el estómago vacío y con tiempo suficiente para empezar puntuales. Si vuestros hijos ven que dais importancia al espacio, ellos se la darán.
Tirar a la papelera el sentido del ridículo y entregaros a la clase con una actitud positiva y abierta. ¡Animo! Os espero en ShaktiStudio, no os arrepentiréis.
Una sesión de Yoga en Familia podría ser así...
-¡Namaste!-
Con las manos en el mudra de oración, sentados en nuestro círculo sagrado nos saludamos tras una semana sin vernos.
Siguiendo nuestra reflexión sobre el código ético del yoga, hoy nos toca hablar de Satya, (veracidad) y cada uno de ellos escribe la palabra o palabras que los conecta con el concepto.
Desde 'silencio' a 'compasión' pasando por la interesante palabra "confesar" donde se pone de manifiesto una cultura que no facilita la expresión de la verdadera identidad, todos participan sintiendo la universalidad del camino yógico.
Al poco nos quedamos callados, sabemos que estamos a punto de iniciar un nuevo relato yógico y hay que prepararse.
-¡A calentar motores! Formamos de nuevo un círculo pero ahora estamos en pié y empezamos un calentamiento dinámico y divertido sacudiendo las telarañas del cuerpo y dando vida a nuestro campo de experiencia: el cuerpo.
Ya estamos listos para realizar el Saludo al Sol, esa extraordinaria secuencia de movimientos que los yoghis han realizado durante siglos como homenaje y agradecimiento a la vida.
Y antes de iniciar la disciplina de las asanas, terminamos de crear ambiente con un juego que fortalece los vínculos del grupo y facilita el planteamiento de las asanas (posturas). Ya saben que los sabios antiguos en la India pasaban muchas horas meditando en la naturaleza. Observaban a los animales y dieron sus nombres a muchas posturas de yoga.
En nuestro zoo particular conviven cobras (bhujangasana), leones (simhasana), camellos (ushtrasana), cuervos (kakasana), grullas (bakasana), peces (matsyasana) o saltamontes (shalabhasana) y de ese modo estiramos nuestro cuerpo y aprendemos a permanecer en la fase estática de las posturas cada vez más tiempo. de concentración que aprendimos la semana pasada par a que nos ayude a fijar la mente en un punto y valorar la quietud.
Hay lugar también para el trabajo de equilibrio. El yoga nos facilita una gran variedad de posturas que lo fomentan, favoreciendo además la concentración. En este apartado, probamos la postura del árbol (vriksasana), la del águila (garudasana), del cuervo (kakasana) o de la pinza en equilibrio (urdha paschimottanasana).
El trabajo respiratorio y contemplativo tiene su espacio entre nosotros y dedicamos unos minutos a observar la respiración, a veces por parejas para fomentar la escucha hacia el otro y ser capaces de salir de nuestro egocentrismo.
Y antes de regresar a nuestro círculo sagrado para compartir la experiencia de la sesión dedicamos un espacio a la relajación/meditación. Hoy éramos más porque vinieron dos familias que querían conocer nuestra clase y decidimos acabar con meditación. Colocamos los cojines pegados a la pared y adoptando el dharana mudra, permanecemos en silencio observando el ritmo respiratorio unos minutos.
¡Namaste! La palabra que saluda a lo mejor de cada uno de nosotros cierra la sesión de hoy entonando tres veces el mantra OM.
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